El eco de las
urnas electorales en Colombia no solo ha dictado un resultado; ha cantado un
himno de soberanía y madurez ciudadana.
Mis más sinceras
felicitaciones al Presidente electo, @ABDELAESPRIELLA, y a ese admirable pueblo
colombiano que hoy custodió su porvenir en una jornada civil, democrática
y ejemplar.
Hoy, la voz de
Colombia resonó con la fuerza de los hombres y mujeres libres: una
determinación inquebrantable que abraza la paz, la democracia y el derecho
sagrado de cada individuo a construir su propio destino.
El camino de la
libertad nunca es fácil, pero es el único que dignifica el espíritu humano.
Bajo la mirada
atenta y siempre justa de la historia —esa gran tejedora de los destinos de los
pueblos—, abrigamos la firme esperanza de que este nuevo capítulo sea un
sendero de luz inmarcesible para Colombia. Una luz que no proviene de un poder
absoluto, sino de la llama sagrada de la democracia: la que se enciende en el
corazón de cada ciudadano libre y se manifiesta en el respeto absoluto a la
voluntad popular. Que este tiempo que inicia sea el reflejo de un pacto
inquebrantable con la justicia, el pluralismo y las instituciones que sostienen
la república, donde la libertad no sea un privilegio, sino el aire cotidiano
que respire toda su gente.
Sabemos que en
el noble suelo colombiano late el corazón de un aliado incondicional para la
transición democrática de Venezuela. Porque la prosperidad y la seguridad de
nuestra gente no son concesiones del poder, sino el fruto natural de la
justicia y la libertad económica y social.
Hoy las
fronteras geograficas se disuelven ante el anhelo común de progreso de dos
pueblos hermanos.
¡Vivan por
siempre Colombia y Venezuela, soberanas, hermanas y profundamente LIBRES!
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