El terremoto
de este 24 de junio de 2026 nos confronta de golpe con nuestra propia
esencia. A través de las imágenes y testimonios registrados de manera
instantánea en las redes sociales, las pantallas de nuestros teléfonos
inteligentes se han convertido en el espejo de una realidad ineludible: la
profunda vulnerabilidad y fragilidad de la vida humana ante el poder de la
naturaleza.
A este panorama se suma una gestión pública caracterizada por la desinversión sistemática y la falta de capacitación operativa en los cuerpos civiles de rescate, como Bomberos, Protección Civil y equipos de emergencia, quienes carecen de los insumos operativos, planes de evacuación y maquinaria pesada necesarios para una labor de salvamento a gran escala. Además, los severos mecanismos de control y censura gubernamental sobre medios de comunicación y redes sociales han impedido la difusión libre y oportuna de información crítica.
Sin embargo, a la fuerza inevitable del sismo se aúna siempre el factor de la intervención humana. Nos topamos de frente con construcciones frágiles, viviendas inadecuadas por la precariedad de sus materiales o la imprudencia de su ubicación; en fin, con ese componente social que, por acción u omisión, nos vuelve menos resistentes ante una eventualidad catastrófica de cualquier índole. Las catástrofes naturales son inevitables, pero el impacto de los desastres suele ser un reflejo de nuestras propias carencias estructurales.
Desde este
espacio virtual, elevamos un llamado urgente a la reflexión individual y
colectiva. Es imperativo recordarnos la tarea pendiente que tenemos en la
construcción de una verdadera cultura
de prevención y solidaridad.
Hagamos también
una pausa para pedir, con inteligencia y voluntad, que el Altísimo nos conceda
la gracia, el coraje y la valentía de ser siervos buenos y fieles. Que estemos
siempre dispuestos a dar lo mejor de cada uno de nosotros por la edificación de
la paz, la calidad de vida y una fraternidad genuina; esa que, aun en medio de
la sacudida, nos abra de nuevo el camino hacia la sonrisa y la esperanza de
todos los venezolanos.
Solo adecentando la política, Venezuela saldrá adelante.
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Manuel de Pablos: La Ley de Gestión Integral de Riesgos Socionaturales y Tecnológicos, promulgada por la Asamblea Nacional y publicada en la Gaceta Oficial N° 39.095 el 9 de enero de 2009, estableció una serie de normas conducentes a prevenir y actuar ante eventos de esa naturaleza.
ResponderEliminarHa sido letra muerta. Nadie la tomó en cuenta y tal vez ni sepan que existe
Heumaro Olivares: Un sentimiento de rabia, dolor e impotencia recorre todo el país . Toda esta fuerza puede producir una sublevación nacional contra el gobierno y el componente militar . Cuando se conozca el número de fallecidos se va a desatar una furia , por qué más allá de la naturaleza , los venezolanos comprendemos que las graves consecuencias tienen responsables . Sin gobierno y sin Militares los Venezolanos han luchado contra esta adversidad convertida en una verdadera tragedia .
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