En las
deslumbrantes cortes del Al-Ándalus del siglo
XI, los reyes de las 6 grandes Taifas,
herederos de la independencia del control central del califato de Córdova,
luego del año 1031. Gobernaban fortalezas de mármol y poesía, pero divididos
por la desconfianza y corroídos por la debilidad de la fragmentación. Al ver
que los reinos cristianos avanzaban sobre sus fronteras del norte, Al-Mutamid, el sabio
poeta y soberano de Sevilla, sintió que el suelo cedía bajo sus pies.
Llevado por la
desesperación, prefirió buscar amparo en el año 1086 afuera, antes que pactar
con sus hermanos de tierra. Envió emisarios al norte de África para pedir
auxilio a los almorávides, guerreros nómadas liderados por el sobrio Yusuf ibn Tashfin.
Cuando sus consejeros le advirtieron del peligro de meter a un gigante armado
en su propia casa, Al-Mutamid pronunció una frase que resonaría por siglos:
«Prefiero
ser camellero en África que porquerizo en Castilla».
Los almorávides
cruzaron el estrecho y, con su férrea disciplina, frenaron el avance enemigo en
la batalla de
Sagrajas. Sevilla celebró entre banquetes la victoria compartida. Pero
la ilusión duró poco. Al recorrer las calles de las Taifas, Yusuf no vio
aliados dignos, sino gobernantes frágiles, endeudados y dependientes de una
fuerza que no era la suya.
En cuestión de
meses, los salvadores mostraron su verdadero rostro. Despojaron de sus coronas
a los mismos reyes que los habían llamado y tomaron el control absoluto de
Al-Ándalus. Al-Mutamid terminó sus días desterrado, encadenado en una celda en
el norte de África, contemplando la nada y recordando que la ayuda prestada
suele cobrar un precio infinito.
Esta vieja
lección no pertenece solo al pasado ni a la geografía europea. Recuerda a todo
pueblo desgarrado que la libertad y el destino jamás se entregan a manos
ajenas. Cuando una nación renuncia a resolver sus propios males y confía su
salvación a potencias extranjeras, no compra su independencia: solo cambia la
mano que sostiene el candado. Ningún imperio rescata a otro por piedad; quien
pone las armas, tarde o temprano, se queda con la casa.
Quizás este
episodio de la historia de España nos brinde luces para comprender la verdadera
naturaleza y razón de ser de NABEP,
la naciente empresa petrolera que hoy acapara titulares y enciende la
pirotecnia analítica en la geopolítica venezolana.
Sólo adecentando la política, Venezuela saldrá adelante.
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